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domingo, 19 de mayo de 2013

No saber del cuento la mitad y otras formas de decirte que te quiero.







Rara vez 
me arriesgo
a catalogarme 
bajo el término
feliz.

Pero coño, 
qué bien lo haces. 




Escapes III.


Sólo busco
no buscar.

Dejar de.

Es una espina
de la que me he querido
deshacer
desde hace
mucho.

Sacarla.

No retorcerla
y que escueza
y que sangre
y que duela,
no.

Sacarla y desangrarme.

Sólo busco
escapar.

lunes, 13 de mayo de 2013

La muy puta realidad es.



No consigo arrancar.

Tengo todas las palabras del mundo
atravesándome el pecho,
y no soy capaz de organizarlas.

Cada vez que trato de arrojarlas,
y convertirlas en versos recién salidos
del incendio visceral en que guardo
los escombros de aquella civilización
a la deriva de una cama
que fuimos,
se truncan a mitad de camino
entre el aliento frío de mis pulmones
y la herida aún sangrante de mis labios,
en la garganta.


- Pero ya es suficiente
  salitre por hoy.


martes, 2 de abril de 2013

Dos mil kilómetros a quemarropa IV.


Siento tener el Ártico en los pulmones,
que el frío de mis palabras te estremezca
y corras la necesidad de buscarme en el tizne
añil de todas las letras que escribí pensando en ti,
en la epicúrea amalgama de tu sudor y mi cerveza y
con frecuencia desde la más humana de las rabias, desde
la más insana de las tristezas, de esas que anidan en el pecho
de uno y uno, pobre de sí, se duele el resquemor de cada kilómetro.


martes, 12 de marzo de 2013

martes, 5 de marzo de 2013

Espero no sangrar nunca los últimos versos.



Encaramada al este de tu espalda
sangrando los versos que merece
desgasto los labios en aprenderme
el dibujo de tus vértebras sobre la piel
y el alma olvidada en la maleza de oro
que es tu melena, ráfagas de sol
tangibles como las verdades que
te cuento cuando no me miras y
me pierdo entre las ciudadelas de tus
lunares, esos de tu hombro izquierdo
pero maldigo el momento en que
giras y maldigo la sonrisa con que
me advertías en la pérdida de mis
facultades, no es secreto ni tampoco
de esto querría guardarme un mísero
detalle; irrumpes en cada una de mis
sinapsis, perturbas con tu irresistible
imagen, siempre que el cielo se
saca las sombras del estómago
y las cierne sobre los párpados
cansados de aquellos los felices que
desconocen las vísceras de la noche
de los que viven aún ajenos a 
las goteras de tu sudor, esas
que erosionan mi cerebro las
madrugadas de agradable insomnio
en que en mi techo se proyectan tus
perfectas clavículas de marfil
talladas tan a capricho de mis
bien ajadas pero gratas manos
que se adentran embaucadas por el
desfiladero de tus pronunciados, y 
con gran esmero esculpidos pechos
cruzando el mar de tu ombligo y lo
que no es ombligo también.


lunes, 18 de febrero de 2013

Dos mil kilómetros a quemarropa III.



Hace unas tardes,
acostada en los tejados
mientras mis ojos intentaban
llenarse de cielo-
                     
tan azul,
                       tan abierto,
                       no sé si conocerán,
                       hablo de ese tipo de cielos
                       inmensos, de esos de los que uno
                       tiene la certeza de que se les vendrán encima.

-abrió una brecha en blanco
un pájaro con alas de metal
que guardaba en sus mecánicas entrañas
los corazones de quienes iban o venían, y de los que
se acercaban y alejaban.

Aún acostada
vi al cielo cumplir cuarenta y largos
y también el vuelo de dos o tres pájaros más,
que ya no abrían el azul en blanco
sino mi pecho en sangre.

Pensé, la gente coge aviones constantemente,
          ahí arriba le ven la cara a la distancia
          y uno puede reírse de ella
          y ella también de uno.


miércoles, 6 de febrero de 2013